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Lo más duro de la cárcel no es solo la privación de libertad, ni los guardias, ni el aburrimiento: Son el ambiente creado por las personas que ahí están cumpliendo sentencias. Sin embargo hay iniciativas que pueden ayudar a cambiar esa situación y además entregar herramientas a los internos para que puedan trabajar al momento de salir.

Esto está logrando el Ecomódulo de la 5° cárcel más peligrosa de Latinoamérica

Por Javiera Riveros

Reciclaje, trabajo en huertos, educación ambiental y lombricultura son algunas de las cosas que los internos del módulo 5 de la cárcel Colina II realizan diariamente. Un trabajo que, entre hojas y plantas, les devuelve una luz de esperanza a las personas del centro penitenciario, para reinsertarse socialmente y poder vivir una vida digna.

Martes 2 de febrero, 2016. La comisión de visita de cárceles de La Corte de Apelaciones de Santiago, en su recorrido semestral efectuado en diciembre del año pasado, entregó su informe respecto a 13 centros de detención de la Región Metropolitana. La conclusión de la comisión:“Reos viven en condiciones que atentan contra la dignidad humana”.

El documento especificó que los internos duermen prácticamente apilados, en un espacio de 8 metros cuadrados donde habitan 14 personas y donde también hacen sus necesidades, convirtiendo su dormitorio en “baños turcos” con pestilencias y una constante oscuridad debido a la irregularidad de las instalaciones eléctricas. Además, la comisión recalcó la falta de alimentación de los reos, ya que tienen sólo dos comidas diarias: la primera a las 9:00 am y la última a las 15:30 pm, en algunos centros penitenciaros.

Colina II fue uno de los centros penitenciarios analizados por la comisión. La población penal es de aproximadamente 2.396 personas, dividiéndose en 16 módulos de aproximadamente 140 reos cada uno. En el año 2012 algunos internos del módulo 5, donde mayoritariamente son de Peñalolén o Quilicura, le plantearon una idea a Claudia Caroca, fundadora del proyecto medioambiental y asistente de la cárcel: hacer un huerto para poder cambiar sus condiciones de vida.

Queremos tener un huerto en nuestro módulo, me dijeron. Les preocupaba la cantidad de basura que generaban. Ellos estaban buscando una nueva forma de ocupar su tiempo libre y de poder, en algún momento, reinsertarse en la sociedad”, recuerda Claudia.

Siembra

El proyecto “Colina II, primer centro penitenciario con Modelo de Gestión Ambiental” nació de la iniciativa de los propios reos y gracias a la Fundación Casa de la Paz, el programa Colina2.Zero de Gendarmería y el inicial financiamiento del Fondo de Protección Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente, ya llevan más de cuatro años funcionando.

El objetivo es claro: potenciar la conciencia medioambiental de los reos, en función del desarrollo de una cultura medioambiental. Esto se realiza por medio de la enseñanza de habilidades como el reciclaje o el buen uso del agua, aprendizaje de nuevas temáticas y diversos oficios. Las actividades recrean a los internos alejándolos de factores frecuentes como la violencia, drogas y ansiedad. Este modelo forja el camino de la reinserción y rehabilitación social. Palabras que antes eran inimaginables.

El proyecto se divide en diferentes áreas de trabajo: La primera es el huerto urbano y sustentable. El huerto es la base del proyecto, es el corazón mismo de los ecointernos. En una esquina del patio del módulo 5, en un espacio aproximado de 3 metros de ancho y 4 de largo, los gritos de los otros reos y la misma cárcel desaparecen. Con paredes recicladas hechas de bandejas de plástico y botellas, el huerto se transforma en un refugio. Las diferentes plantaciones de verduras, hierbas y frutas provocan una tranquilidad única. Sergio “Huaso” Poblete, es un experto en el tema. Me comenta sobre el proceso de plantación, de regadíos, los beneficios de cada planta y los usos de cada una. Huelo matico, menta y poleo. Veo las lechugas, grandes y verdes. Hay orégano, frambuesas y choclos. Miro a Sergio, comentando feliz sobre el huerto y por unos segundos olvidé que estaba en una cárcel, olvidé que él está preso desde 1998.

Cultiva

“Sí, igual nos ha costado armar todo lo que ve. Tenemos diferentes secciones y así todos trabajamos. Esta es la lombricultura. Vamos a buscar verduras podridas o cáscaras, las ponemos aquí y los gusanitos hacen el trabajo, ja, ja. Ellos se comen las cosas y su desecho es el mejor abono pa’ la tierra. Las cosas podridas igual pueden cambiar, pueden ayudar”, comenta Miguel Bravo mientras toma algunas lombrices en su mano.

El manejo integral de residuo orgánico (lombricultura y compostaje) es la segunda división del proyecto medioambiental. La tercera es lamatriz energética y el uso del agua. Luego de ver a las lombrices, Miguel apunta al techo de una de las piezas de la cárcel y me dice: “Mire el techo, esos son paneles termo solares. Gracias a eso nos podemos bañar con agüita caliente. Mire el techo del huerto, ese es un panel solar. Con eso nos podemos cocinar las verduras y hemos podido mejorar nuestra alimentación”.

Algunos reos del módulo 5 se nos acercan curiosos y un poco tímidos, pero al comenzar a hablar de su trabajo en el módulo medioambiental, no paran. Caminamos a otra parte del patio en donde trabajan con el reciclaje y la reutilización, la cuarta división del trabajo del proyecto. Son verdaderos artesanos. Es como si hubiesen trabajado toda la vida en esto. Con una máquina, hecha por ellos, cortan en largas tiras las botellas de plástico. Luego, las enrollan y calientan para que queden tirantes, las cortan y las pegan a una madera para luego incrustarle un palo de bambú. Uno, dos y tres: una escoba hecha de productos reciclados, una hermosa escoba nueva. Héctor “Nano” Poblete, creador del nuevo producto, me dice:

“Yo quiero estar tranquilo, quiero rehabilitarme, no quiero más de lo malo. Cuando llegué al módulo 5 me metí altiro en esto. Hacemos de cosas viejas, usadas y desechadas, cosas nuevas, lindas y útiles. He estado en hartas cárceles, pero nunca me sentí tan bien como acá”, comenta el “Nano” Poblete (45) quien me muestra su escoba con una sonrisa de oreja a oreja.

Cosecha

Todos los conocimientos que han adquirido los internos se deben a la ayuda de la Fundación Casa de la Paz que les enseña, por medio de talleres medioambientales, a conocer y hacer utensilios reciclables. También la ayuda llega de parte de diversas personas independientes que se han interesado en los ecointernos. Estos aprendizajes se ponen a prueba todos los días. Según los reos, ellos dedican la mayor parte de su tiempo al huerto, a la lombricultura o al reciclaje. Su rutina es la siguiente: se levantan a las 8:30 de la mañana para el conteo de personas. Desayunan algo en el rancho (cocina donde todos comen) y luego con una carretilla, recolectan verduras, botellas u otros desechos. Después cada uno se dedica a su sección hasta las 12 de la tarde. Almuerzan y luego, algunos y en periodo de clases, van a la escuela. Vuelven, conversan y luego cada uno a su sección medioambiental, hasta la hora de irse a sus dormitorios.

“Salimos de la rutina carcelaria. Somos un equipo porque tenemos que estar todos los días acá.Antes era pura sobrevivencia en las pandillas con los cuchillos y estoques. Ahora, pensamos.Nos mentalizamos a futuro. Pensamos en nuestros hijos en que no quiero que los tachen por ser hijos de ladrón. Yo quiero cambiar, por eso trato de ser fuerte, por eso estoy acá. Me quedan dos años y salgo de aquí” dice Matías, mientras mueve un macetero en el huerto.

“¿Qué piensas hacer cuando salgas?”, le pregunto, porque no le queda nada.

“Yo quiero seguir trabajando con la tierra. Quiero enseñarle a mi hijo todo lo que he aprendidoaquí. El trabajo en equipo, el luchar por lo que uno quiere, que de verdad es posible un cambio. Yo quiero seguir trabajando con la tierra y seguir adelante no más”.

 

Fuente: El definido.cl

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