SOMOS CONCIENCIA Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Febrero de 2012

“Manifiesto urgente de un oveja negra” (MVP Editores), el último libro del psicólogo transpersonal Alejandro Celis, nos recuerda algunas duras realidades de las que a menudo hacemos “vista gorda”, y nos da las claves para retomar el sentido perdido en nuestras vidas en el mundo en que hoy nos toca vivir.

Por Tatiana Vega P.

Conocí a Alejandro Celis como “despotricador” profesional hace muuuuchos años en otra revista dedicada al crecimiento personal y la espiritualidad, cuando llegó hasta nuestras oficinas para ofrecerme un texto para publicar. No puedo negar que al principio, debido a mi propia poca experiencia, me costaba encontrar la relación entre sus ataques a la dictadura, a los políticos o a la sociedad de consumo con los temas referidos a la conciencia, pero como también sentía que sus despotriques tenían toda la razón, sus colaboraciones pasaron a tener presencia permanente. Hoy es columnista de revista Somos desde su primera edición.

Más adelante, supe de sus movidas para traer a Chile a exponentes como el místico inglés Paul Lowe, al maestro espiritual Andrew Cohen y en los últimos años, al maestro sufi Refik Algan. Lo vi organizar los seis Encuentros de Psicoterapeutas Humanistas y Transpersonales que se realizaron en Chile entre 1995 y el 2000. Entre medio, escribió libros, hizo clases en varias universidades y siguió escribiendo artículos en diferentes medios. Incansable comunicador y formador de redes siempre en función del despertar de los seres humanos, hizo y sigue haciendo gala de una pasión incontenible en los temas que lo mueven.

Psicólogo Alejandro Celis, un “despertador” de conciencias en el ámbito de la psicología transpersonal en nuestro país. Fotografía: Ricardo Aliaga Bascopé

Pero no fue hasta participar en el postítulo de Psicología Transpersonal que ofrece su escuela –el Instituto de Expansión de la Conciencia Humana, creado en colaboración con su pareja, la psicóloga Alice Thomas- que tuve acceso a vislumbrar otras facetas de este explorador del alma humana. Desde su implacabilidad con el ego, ya sea el propio o el de sus alumnos, hasta su fina y rica sensibilidad hacia el sufrimiento humano, provenga de donde provenga. Su humor omnipresente, de la mano de su carcajada explosiva y sonora, y sus pesadeces perpetuas contra los fumadores o contra los que dan excusas infantiles por una ausencia, no alcanzan a esconder su conexión verdadera con lo que está sucediendo aquí y ahora en cada uno de quienes participan en sus sesiones de grupo, ni las sutilezas de un alma sabia, delicada y amorosa cuyo gran anhelo es acompañar a las personas en su proceso de abrir los ojos y la conciencia al maravilloso misterio que es la experiencia de la vida, devolviéndonos a la vez el sentido que como sociedad hemos perdido.

Imposible describir las amplias y valiosas experiencias de ese Postítulo en esta nota, como también difícil mostrar a cabalidad a este ser múltiple que es Alejandro Celis, pionero audaz, luchador comprometido y jugado por la conciencia humana, por la justicia, por la equidad, por el respeto a cada ser, en fin, por todo lo bueno con que soñamos como humanidad.

Ovejas, pero indignadas…

Sin embargo, el tema que hoy nos aterriza en esta nota es su último libro, “Manifiesto urgente de un oveja negra”, publicado recientemente por MVP Editores. En esta obra, Alejandro define a las “ovejas negras” como esas personas “que han tenido dificultades para adaptarse a la sociedad en la cual nacieron y vivieron hasta hoy, pero que al mismo tiempo, tienen intuiciones respecto a otras realidades posibles…” Más adelante, señala que él mismo se ha sentido “oveja negra” en muchos planos, y no tengo ninguna duda de que muchos de nuestros lectores también se sentirán identificados por el concepto. Eso nos da motivo para lanzarle nuestras dos primeras preguntas:

¿No crees que ya en la actualidad, los ovejas negras son los únicos que pueden realmente hacer un cambio para que este planeta y esta humanidad no colapsen…? ¿No crees que ya cambiaron de color y están siendo, más que ovejas negras, blancas o amarillas, los futuros creadores de un posible mundo nuevo, de un paradigma diferente…?

Totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que esta sociedad está muy enferma, y desde hace mucho. ¿Por qué? Simplemente porque no facilita que sus miembros sean felices. Ofrece muchas cosas, pero no felicidad. Entonces, quienes han sido considerados por la sociedad como “ovejas negras” han sido los más sensibles, los más lúcidos, los contestatarios.

Y ahora somos un enorme movimiento, entre los que están los actuales “indignados” de todo el mundo, que se están atreviendo a denunciar la enfermedad del sistema, algunos de ellos a un costo muy alto. Los mismos estudiantes, con Camila, Giorgio y otros a la cabeza, paralizaron Chile durante todo el 2011, con un discurso tremendamente claro y cuestionando las bases mismas de esta sociedad.

¿Estás diciendo que para vivir feliz y adaptado en el sistema en que vivimos -que más de una vez en tu libro calificas de perverso-, hay que estar un poquito enfermo, o muy “dormido”…? ¿Serían entonces los ovejas negras los más despiertitos…?

Para adaptarse a esta sociedad, para ser un “ciudadano respetable”, hay que ponerse una gruesa coraza: para no verse afectado por la injusticia social, por la explotación de unos por otros, por los espantosos crímenes de la dictadura, por el exterminio de los animales, por la catástrofe ecológica que hemos provocado.

De todo eso hablo en el libro; creo que uno de sus grandes méritos es que reúne en un solo lugar gran cantidad de información que hemos recibido con gotario, y el efecto es devastador.

Los seres humanos somos sensibles cuando niños, y por efecto del condicionamiento social dejamos de serlo. Por ejemplo, en Chile sigue habiendo una enorme cantidad de gente que –lo confiese o no- justifica lo que hizo Pinochet y hasta lo echan de menos, sin tener la menor compasión ni empatía por quienes se vieron afectados directa o indirectamente por crímenes horrorosos. Y eso me deja sin habla. Me asombra que no todo el mundo reaccione con espanto ante realidades como ésas.

En otro plano de esta anestesia general en que nos hemos habituado a cosas inaceptables, lo que ha hecho EEUU en los últimos 50 o 60 años es simplemente pasmoso. Noam Chomsky y Eduardo Galeano han hablado mucho de esto. Recién ayer le leí al periodista inglés John Pilger que desde 1945 los EEUU han derribado 50 gobiernos (incluyendo democracias, como en Sudamérica y a su propio gobierno, como es el caso de Kennedy, también visto en extenso en el libro), y en esas intervenciones han causado más de 10 millones de muertos. Sólo en Vietnam exterminaron a 6 millones -el 18% de la población-. Y siguen haciéndolo, amenazando a Irán y a cualquiera que no les caiga en gracia… Tienen 823 bases militares en territorio extranjero, algunas instaladas a la fuerza. Ocupamos el dólar para nuestras reservas en buena parte del mundo…

Acaban de terminar finalmente su ocupación de Irak durante nueve años –todo el mundo sabe que fue para proveerse de petróleo- y, según Raúl Sohr, entre 100 y 600 mil iraquíes murieron durante estos años. Se quedaron sin agua ni luz ni paz social, y nadie reacciona; y al que denuncie estas cosas, como Chávez o Evo –que están explorando alternativas legítimas de gobierno, con el apoyo mayoritario de su gente- u otros se les descalifica totalmente. A cualquiera que tenga un discurso de justicia social se le acusa de “comunista”, como en los viejos tiempos de McCarthy y como si fuera el demonio. Hemos sido verdaderos zombies, pero la buena noticia es que ¡el mundo está despertando…!

Con su pareja, también psicóloga transpersonal, Alice Thomas. Ambos dirigen actualmente el Instituto de Expansión de la Conciencia Humana. Fotografía: Ricardo Aliaga Bascopé

Aprender a escucharnos

En el libro de Alejandro Celis hay una extensa parte dedicada al “despotrique”, a detallar minuciosamente todo lo que anda mal en el mundo y en especial en Chile, que es muuuuucho… Pero también hay toda una segunda parte donde propone acciones muy concretas para el cambio de actitud tanto en lo individual como en lo colectivo, desde la psicología y la espiritualidad.

¿Crees que realmente podemos hacer este cambio, como humanidad? ¿Que estamos -como dicen algunos místicos- en la puerta de entrada de un nuevo paradigma, de una nueva visión del mundo y de nosotros mismos?

Muchos psíquicos y videntes dicen que eso depende de nosotros. Una de las cosas que dice la astrología, por ejemplo, es que en el 2012 tenemos que aprender a escucharnos unos a otros y a respetar nuestros respectivos puntos de vista. Creo firmemente que son nuestros cambios internos y personales los que van a inclinar la balanza hacia la evolución y el salto de consciencia o hacia el apocalipsis, no un mejor manejo político o económico.

Tenemos que humanizarnos, sensibilizarnos, hacernos responsables de nuestros actos, pensamientos y todas nuestras expresiones y explorar la compasión y la humildad. No podemos salvar el planeta y seguir siendo verdaderos fascistas con las necesidades y puntos de vista de los demás, y seguir abusando de la naturaleza y los animales como si fueran un “recurso” inagotable que está a nuestra disposición y que podemos destruir a nuestro antojo.

¿Ser testigo o actuar?

En esa misma segunda parte del “Manifiesto…”, Alejandro habla en algún momento de lo importante que es el proceso de aceptación, tanto de uno mismo como de otra persona o de una determinada situación, y una de sus sugerencias es la de adoptar la actitud de testigo silencioso. Sin embargo, la primera parte de su libro, donde emite juicios y aseveraciones sobre miles de temas, no está exactamente escrita por un “testigo silencioso…” Cabe entonces preguntarle:

¿Cómo se amalgaman en ti estas dos posiciones, testigo silencioso y actor?

Generalmente los místicos enseñan que hay que “desapegarse” del mundo, que éste es “maya” o ilusión. Eso puede ser enteramente cierto, pero en forma paralela –y, por supuesto, me puedo equivocar- creo que es legítimo actuar y hacer nuestra parte para que sea un mundo mejor. No soportaría limitarme a la contemplación pasiva.

Durante mucho tiempo creí que mis críticas al mundo surgían de mi falta de aceptación; pero sea o no así, creo que cada uno debe actuar dónde y cómo sienta el impulso. Nunca hemos estado tan cerca de la extinción y de la destrucción de este hermoso planeta, y no debemos quedarnos de brazos cruzados mirando cómo ocurre.

Entonces…. ¿Hasta dónde aceptar lo que pasa…? ¿Cómo saber cuándo ya no podemos seguir aceptando y tenemos que intentar un cambio?

No creo que haya norma para esto. Uno puede luchar en todos los planos en que ve injusticia, por ejemplo, o dedicarse a proteger animales de la extinción, o alimentar a los pobres, etc… Uno hace lo que personalmente le surge, y en el camino se le van aclarando las cosas respecto a lo que tiene sentido o no hacer, dónde se puede generar un efecto visible y dónde no, lo que se puede cambiar y lo que no.

Pero eso surge desde las cosas que te conmueven. Si te conmueve la belleza de la naturaleza o de los animales, por ejemplo, de hecho te duele cuando ves destrucción o cuando ves maltrato o matanza de animales… y desde ahí surge en forma natural hacer algo. Para mí, internet se ha convertido en una herramienta de valor incalculable para estos fines, a través de twitter, facebook y cantidad de páginas web en que podemos informarnos, compartir ideas y coordinar acciones.

En política, la gente está hastiada de que le mientan. Se hastió de la Concertación, y por eso fue elegido este gobierno; pero la sordera crónica y falta de verdadero espíritu democrático que ha mostrado han agotado las alternativas dentro del espectro más conocido de la política. Este gobierno ha ejercido una represión descarada y realmente demencial contra los estudiantes, contra los mapuches, todo en nombre del “orden social”. No han intentado siquiera escuchar de verdad lo que la gente pide.

El sistema binominal es una estafa herencia de la dictadura, y mientras eso no cambie, la mayoría de la gente –en especial los más jóvenes- simplemente no legitimará el sistema político vigente. Eso es algo que nadie ha orquestado, es un movimiento social espontáneo que, de no ser escuchado de una vez, constituye una peligrosa bomba de tiempo.

Nuestra sabiduría interior

Son muchos los autores que escriben libros de auto-ayuda, espiritualidad o psicología práctica. Una de las muchas diferencias con la mayoría de éstos que se me hizo muy presente al leer el libro de Celis es que cada una de sus sugerencias parece estar anclada en una experiencia personal, no en teorías, aunque también las menciona.

¿Es así realmente, escribes desde la experiencia?

Sí. Por un asunto de integridad personal –cualidad que valoro mucho, y agradezco en otros cuando la veo-, no enseño nada que no haya experimentado. Una de las cosas que aún no sé es, claro, cómo “salvar a la Humanidad” (¡!). Es un acto de fe de mi parte creer que, si somos suficientes los que incorporamos ciertas formas de vida, será más probable que la Humanidad pase por esta crisis sin un exterminio total o parcial y que no tengamos que vivir las imágenes apocalípticas que nos muestra el cine actual.

Aunque en tu mismo libro dices que la experiencia mística no es lo más importante en el camino hacia el despertar… ¿Has tenido alguna experiencia mística que quieras compartir con nuestros lectores….? ¿Y qué ha significado en tu vida esta experiencia…?

Dos cosas: creo que absolutamente todos hemos experimentado alguna vez una experiencia mística; la diferencia es que yo he sido un buscador empedernido y las he reconocido como tales, no sólo como un “buen momento” sin mayor explicación.

El otro punto importante es que todas las experiencias místicas son diferentes, en la misma persona y comparadas con las de otros, así que no tiene sentido compararse o sentirse superior por tenerlas. Creo que son un hermoso regalo de la Existencia y que hay que agradecerlas y valorar el vistazo que representan hacia nuestro verdadero Ser y la naturaleza de la Existencia.

Una de las que más valoro es un día completo que pasé oyendo mi bla-bla mental como si ocurriese en la casa del lado, totalmente des-identificado de mi mente, en éxtasis y en contacto con mi ser más natural. Fue una experiencia preciosa, que disfruté mucho y que me mostró fehacientemente que no somos nuestra mente, que este incesante diálogo mental que corre en nuestro interior no es nuestra naturaleza y que no tiene mayor importancia para dirigir nuestras vidas. Tenemos mucha más sabiduría en nuestro interior que la que muestran estos parloteos de loro.

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