NUESTROS CUENTOS Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Marzo de 2012

 

 

El pintor de bambúes

Un maestro zen le aconsejó a uno de sus discípulos que quería pintar bambúes: “Primero debes convertirte en uno de ellos”.

El discípulo era un pintor talentoso, había pasado por numerosas pruebas artísticas, y con buenas calificaciones. Su nombre ya había empezado a hacerse conocido. Pero el maestro le recomendó: “Vete al bosque, vive entre los bambúes durante unos años, conviértete en bambú. El día que puedas llegar a convertirte en uno, regresa y pinta, nunca antes. ¿Cómo puedes pintar un bambú si no sabes lo que éste siente en su interior? Pueden pintarlo desde el exterior, pero será tan sólo como una fotografía”.

Ésa es la diferencia entre la fotografía y la pintura. Una fotografía nunca puede ser una pintura. Por muy bien hecha que esté, de la forma más artística, sólo queda como el reflejo de la circunferencia del bambú. Ninguna cámara puede penetrar en el alma (…)

(…) El maestro ordenó: “Vete al bosque”. Así lo hizo el discípulo, y durante tres años habitó en el bosque, en compañía de los bambúes en toda clase de climas. Porque cuando llueve, el bambú goza, y cuando hay viento, su disposición es distinta; cuando hace sol, sin duda todo se transforma en el propio ser del bambú. Cuando el cucú llega al árbol y empieza a trinar, los bambúes se quedan en silencio receptivo. El discípulo tuvo que quedarse allí tres años.

Y al fin llegó el día, llegó por fin: sentado junto a los bambúes, se olvidó de quién era. El viento sopló, comenzó a balancearse, ¡igual que un bambú! Tiempo después llegó a recordar que durante largo rato había dejado de ser un hombre. Había penetrado en el alma del bambú. Entonces los pintó.

Desde luego, aquellos bambúes tienen una calidad totalmente diferente de la que puede ofrecer la fotografía. Éstas pueden ser muy bellas, pero carentes de vida. Aquel cuadro estaba vivo porque mostraba el alma del bambú en todas sus fases, en toda su riqueza, en todas sus estaciones. Estaba presente la tristeza, lo mismo que la alegría, la agonía y también el éxtasis. Todos esos estados los conocía el bambú, toda la biografía de un bambú estaba ahí. Ser sensual es estar abierto a los misterios de la vida. Hazte más y más sensual y deja de juzgar tanto. Permite a tu cuerpo ser la puerta.

(* Extracto del libro “El equilibrio entre la mente y el cuerpo”, de Osho. Grupo Editorial Norma.)

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