PRESENCIAS Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Febrero de 2011

 

 

 

El picoteo holístico

Cursos vivenciales de lo que a uno se le ocurra, talleres para tirar al techo, propuestas de psicoterapia grupal, desarrollo personal, técnicas de trabajo corporal y de expansión de la conciencia, meditaciones de Oriente y Occidente, retiros espirituales… La abundancia de “ofertas” de este tipo es una señal inequívoca de que un creciente segmento de la población busca respuesta a viejos interrogantes existenciales de los que tradicionalmente sólo se ocupaban religiosos y filósofos.

Periodista y mediadora gestáltica

Habrá personas que asistan a sólo una de estas experiencias y –si es la adecuada para su búsqueda- luego se dediquen a profundizar. Pero otros…, otros no pueden evitar algo así como el “consumismo holístico”, el picoteo vivencial que los lleva de un grupo a otro. Y tal vez se encuentre aquí, en lo grupal, la motivación principal. Porque la vivencia compartida en un Taller que incluya los movimientos internos de cuerpo, mente y alma puede ser irresistiblemente tentadora.

No es común la oportunidad de estar inmersos –por tres horas, una jornada, tres días o una semana- en un entorno agradable, sintiéndonos cuidados, abiertos y aprendiendo, descubriendo que es posible la cercanía aleccionadora con otros que son semejantes en las grandezas y en las miserias. Será por eso que no pocos van de un lugar a otro, con esperanzas de iniciarse en alguna práctica, autoconocerse y, sobre todo, compartir el camino. Y si bien nadie puede garantizar un Taller sin fallas, que tenga “la clave” para mejorar nuestra calidad de vida, lo que sí es seguro es que encontraremos una variada gama de personajes:

Los nuevos: mientras los viejos conocidos se saludan y copuchan, ellos se quedan un poco retirados, hundidos en el piso o parapetados detrás de algún cojín.

Los viejos conocidos: han compartido otros encuentros, y creen saber lo que está por suceder a cada instante. Hacen chistes, preparan té, acomodan los cojines, preguntan por qué no vino Fulanita o Menganito…

Los desconfiados: se muestran indiferentes, con el aire de quien vino porque pasaba por ahí y no tenía nada mejor que hacer.

Los predicadores: son el opuesto de los desconfiados; su entusiasmo es imparable y comentan –generalmente en voz alta, muy alta- las bondades de la corriente en la cual se inscribe esa experiencia que los ha convocado.

Los mateos: cumplen todas las consignas, manejan correctamente los códigos, no pierden el tiempo y “meten el cuerpo”.

En las propuestas holísticas y de crecimiento personal no hay transformaciones súbitas ni milagros. Hay descubrimientos, sutiles como la línea de un poema que nos pega “justo ahí”, conmovedores como los que suele deparar el amor, u oportunos como la mano que nos tiende un amigo.Los saboteadores: nunca entienden de qué se trata, se niegan a participar en ciertos ejercicios, confunden expresión de sentimientos con agresión, interrumpen, distraen al resto…

Los seductores: aparecen preferentemente en encuentros de danza y trabajo corporal. Estudian con disimulo -o no- el panorama humano que está presente, y albergan la secreta esperanza de que el “contacto” se prolongue más allá de lo que dura el Taller.

Los íntimos instantáneos: son capaces de sorprendernos con un profundo masaje porque nos vieron “contracturados y tensos” (cuando en realidad, nosotros estábamos tranquilitos y descansando). Son muy afectuosos aún cuando recién hayamos sido presentados, y se despiden anotando el teléfono y el mail de todo el mundo.

Los hipersensibles regalones: vienen con el drama y los pañuelitos desechables a cuestas. Y ellos piden: consuelo, regaloneo, un vaso de agua, un poco de aire para recuperarse de su última explosión.

Lo reconfortante es que, más allá de lugares comunes y clichés, nada es previsible. En el transcurso de una experiencia grupal y verdadera, es probable que al mateo le puedan salir mal las tareas, que los hipersensibles regalones lleguen a reírse de su propio libreto, los seductores resulten seducidos, y aquellos que al principio desconfiaban terminen comportándose como auténticos predicadores. Todo esto puede suceder. O no.

Hay personas a las que, efectivamente, experiencias de este tipo les enseñan poco o las dejan en igual estado que antes de realizarlas. Algunos fanáticos se indignan: “¿Cómo que hiciste ese Taller y no te gustó???” Sí, no le gustó. ¿Y qué? ¡Por favor!, un poco más de respeto por los procesos individuales….

En las propuestas holísticas y de crecimiento personal no hay transformaciones súbitas ni milagros. Hay descubrimientos, sutiles como la línea de un poema que nos pega “justo ahí”, conmovedores como los que suele deparar el amor, u oportunos como la mano que nos tiende un amigo.

Pedacitos de verdad íntima e intransferible, nada más y nada menos. Y de cada uno depende el poder aprovecharlos.

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