SOMOS MOVIMIENTO Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2010

Danzar por la paz

Cantando y bailando en círculos, repitiendo frases y palabras que nos llevan a lo más profundo de nosotros mismos, compartimos la alegría del corazón y el misterio mismo de la vida.

por José Liborio Bravo

Comienza la primavera, y con alegría subimos a la montaña. Llegamos a una pequeña casa de madera enclavada en las faldas de la cordillera. Ahí vive y nos espera Taj Loreto González.

Así ocurre en cada solsticio y equinoccio: un grupo de hombres y mujeres acudimos a un encuentro de amor y devoción. Ella nos recibe con suavidad y delicadeza. Ha preparado una vez más un pequeño altar con agua, incienso, una vela, flores recién cortadas y ámbar sobre un mantel. Estos elementos representan la purificación, la plegaria a Dios, la luz, la vida, la tierra y el poder sanador.

Sentados o de pie en un círculo, practicamos una emotiva y profunda ceremonia conducida por Taj Loreto en la que pedimos por la salud de algunas personas.

Hay otros encuentros con esta amiga. También nos reúne para celebrar el Ritual Universal, en el que están presentes las religiones, desde Zoroastro hasta nuestros días. La unidad se expresa en diversas flores en el jardín de la humanidad, y cada una de esas flores es una religión verdadera.

Con su trabajo musical, Taj Loreto quiere entregar un proyecto espiritual donde esté presente la búsqueda esencial, el encuentro con lo divino en la propia tierra y lo cotidiano. (Fotografía: Julia Garreaud)

Taj Loreto González: Despertar la propia voz 

Taj Loreto González trabajó como música en los eventos de Yakzán y ha sido continuadora de sus danzas y su mensaje durante más de treinta años.

Nacida en Chile, se dedicó al canto desde los trece años y poco después comenzó a componer sus canciones. Viajó por Latinoamérica estudiando los ritos y el folklore de sus culturas, recopilando canciones, escuchando instrumentos, practicando el canto y el baile con indígenas.

Estudió Pedagogía en Educación Musical. Recibió además clases de canto e hizo estudios de flauta y otros instrumentos. Su larga investigación musical da fruto en su primer disco, en el cual se adentra en un rock místico, expresión del pueblo con raíces folklóricas y una dosis rockera, expresando el dolor de enfrentar este mundo.

Hoy es profesora de canto y líder y mentora de Danzas de la Paz Universal. Ha estudiado técnicas vocales y corporales, así como danzas y cantos sagrados con maestros sufis. Enseña en clases particulares, talleres y sesiones sufis.

El objetivo de su trabajo es despertar la voz que hay en cada ser. Con su trabajo musical, Taj Loreto quiere entregar un proyecto espiritual donde esté presente la búsqueda esencial, el encuentro con lo divino en la propia tierra y lo cotidiano.

Es cantautora y profesora de Educación Musical de UMCE; tallerista internacional en Voz y Espiritualidad; Representante nacional en Chile de la Orden Sufi Internacional; líder y mentora de las Danzas de la Paz Universal, con más de treinta años de experiencia.

Ha invitado a diversos maestros sufis a enseñar en Chile, con lo cual se abrió la conexión con esta línea en Sudamérica. Comenzó asimismo un trabajo de sanación sufi en el país.

En 2007, Loreto recibió un reconocimiento especial de la familia de las danzas. El 25 de julio de este año recibió, como reconocimiento especial de la Comunidad de la Orden Sufi, una distinción por su generosa participación y respuesta al devastador terremoto de este año en nuestro país con la campaña “Caminando Juntos” y por sus numerosos años de entrega y servicio al mensaje sufi de amor, armonía y belleza.

Ha sido la productora de cinco “Caravanas Sufis”, invitando a maestros sufis que vienen a compartir con nosotros sus enseñanzas.

Este Ritual Universal reconoce esto y nos estimula a vivir en armonía unos con otros. Al terminar la ceremonia, nos agrupamos en parejas formando un círculo, y hacemos una danza: “Bendiciones de Dios sean contigo, que su paz viva en ti, su presencia ilumine tu ser ahora y por siempre, amén”.

En esta danza vamos cambiando de pareja cantando y mirándonos a los ojos. Al final, todos juntos cerramos el círculo y repetimos lo mismo, mirando al centro, esta vez en actitud de entrega a la humanidad. Ésa es una de las danzas de la paz universal que Taj Loreto nos ha enseñado y comparte con nosotros.

Camino del amor

Desde el comienzo de la vida humana, ha existido en nosotros un anhelo de encontrar la paz en el corazón. Ese anhelo se ha manifestado en el llamado camino del amor o búsqueda de lo divino, expresándose también en forma musical, con cantos y bailes. Ciertamente, el ritmo y el sonido están presentes en el universo y en cada criatura, con la voz, la respiración y el latido del corazón, por ejemplo. Todo es música y ritmo en la vida.

Los seguidores de este camino de encuentro con el amor y la paz se han llamado sufis desde la época del Profeta Mahoma. Si bien el sufismo es indefinible, podemos decir que entre otras cosas significa sabiduría, purificación y búsqueda de la unidad con lo divino. Esto se logra con ejercicios de contemplación y conocimientos legados por maestros sufis, historias vinculadas con el amor, la sabiduría, el aniquilamiento del ego y la práctica en lo cotidiano.

Músico y místico

En 1882, nació en Baroda, en la India, Hazrat Inayat Khan, en una familia de músicos profesionales famosos. Comenzó muy joven su carrera musical de compositor, cantante e intérprete de vina, viajando por todo el país.

En su apogeo profesional, escuchó el llamado místico y se puso bajo la dirección de un gran maestro sufi. Éste le encomendó la tarea de “armonizar” Oriente y Occidente con sus cantos. Así, en 1910 partió a Estados Unidos. En lo sucesivo, emprendió giras musicales por esa nación y Europa.

Para él, la música era la manifestación de la esencia espiritual de la realidad. Superando grandes dificultades, introdujo el movimiento sufi en Occidente, fundando numerosos centros.

El padre de las Danzas

Al cabo de medio siglo, en Estados Unidos, Samuel Lewis (1896-1971), otro maestro sufi, discípulo de Hazrat Inayat Khan, estudió en profundidad las tradiciones místicas. Inspirado por su maestro y por Ruth Saint Dennis, pionera feminista de la danza moderna, Lewis comenzó a visualizar y crear danzas a fines de los años 60, en San Francisco, California, como un método dinámico para promover la paz.

En general, las prácticas espirituales requieren perseverar en una serie de ejercicios de meditación, que habitualmente se hacen con los ojos cerrados y con el cuerpo en posición fija. Samuel Lewis quiso introducir una forma de meditación en movimiento, con los ojos abiertos y en grupos, y para eso creó una serie de danzas inspiradas en diversas tradiciones espirituales de la humanidad, con ritmos y palabras de cada una de ellas.

En cada danza se convoca determinada energía y se comparte en comunidad un sentimiento de paz interior, con lo cual se va produciendo una transformación en los participantes.

Siendo al comienzo unas cincuenta danzas, han aumentado a más de quinientas. Se han expandido en el mundo en los últimos treinta años, llegando a gran cantidad de personas. Han evolucionado y extendido su aplicación práctica para satisfacer la gran necesidad actual de redescubrir la reverencia, la creatividad y una conexión del cuerpo con el mundo natural.

En escuelas, grupos de terapia, cárceles, hospicios, centros de rehabilitación y hogares para discapacitados, aldeas apartadas, centros de salud integral y celebraciones de culto, siguen siendo, como lo visualizó Samuel Lewis, una forma de hacer que la energía de la vida permita comprender una realidad a todos los que en ellas participan.

(Fotografía: Sky Majida)

Conexión con el corazón

El lenguaje utilizado en las danzas es repetitivo, y se graba en el inconsciente, creando lo esencial de lo invocado y materializándolo, de tal manera que esta cualidad se pueda incorporar a lo propio, a la vida cotidiana.

Los movimientos son acordes con la energía invocada, con la intención y la dirección que se imprime a la danza. No es un ejercicio de catarsis ni de libre expresión corporal. Son movimientos simples, a veces muy antiguos, que llevan al grupo a la sensación comunitaria, a una experiencia común. Permiten además sensibilizar la propia voz escuchando y reproduciendo.

Desde el comienzo de la vida humana, ha existido en nosotros un anhelo de encontrar la paz en el corazón.En las danzas se produce una mayor conexión con el corazón e integración con otros planos de la existencia. Se fortalecen lazos de confianza entre distintas culturas. Surgen sentimientos de solidaridad y compasión entre personas de distintos orígenes y realidades sociales.

Las danzas son espirituales y meditativas, realizada con un número de danzantes en un círculo. Cada danza tiene un canto. Se pone énfasis en la participación independientemente de las habilidades de cada persona. Casi nunca se hacen para un público. Bailan juntas personas de todos los niveles de aptitud. Son simples, basadas en pasos de danzas folklóricas y en una frase sagrada, como “La tierra es nuestra madre…” Participan niños, adolescentes y adultos de todas las edades, personas de diferentes creencias e intereses.

Las danzas crean un ambiente nutritivo, terapéutico, educacional, orientado al crecimiento personal y colectivo. Usando música, letras y movimientos sencillos, nos permiten tomar contacto con lo más profundo de nosotros mismos. No se requiere experiencia previa alguna y todos son bienvenidos a participar.

Danzas durante un retiro en Portugal. (Fotografía: Bob Spencer)

Paz y armonía

Los participantes unen las manos en un círculo con un líder de danzas, acompañado a veces con una guitarra o un instrumento de percusión, y otros músicos al centro. En la reunión, el líder enseña al grupo las palabras, la melodía y los movimientos de cada danza, entregando a menudo una breve información histórica sobre las mismas.

Taller en octubre

El 23 y 24 de octubre (2010), Loreto González dará un taller de introducción y liderazgo en Danzas de la Paz Universal. Más información e inscripciones: teléfonos 321 62 90 y 09. 821 32 65 o mail: [email protected]

Los temas son la paz, interna y externa; la sanación de la tierra, los individuos y la familia global, y la celebración del gran misterio de la vida. Los danzantes se centran en la paz y la armonía, creando un sentido de solidaridad y comunidad en la celebración.

Es importante pronunciar bien las palabras en sus idiomas nativos. Sus letras son muy breves y se repiten muchas veces. Es fácil y rápido su aprendizaje: en diez minutos todos están moviéndose, cantando y bailando juntos. Tienen humores muy variables: amor, alegría y compasión.

El legado de Yakzán

En 1978, vino por primera vez a Chile Yakzán, Hugo Valdez (1937-1993), quien luego nos visitó en siete oportunidades más durante trece años.

Nacido en Jujuy, Argentina, fue a Estados Unidos y allí conoció a Pir Vilayat Inayat Khan -hijo y continuador de Hazrat Inayat Khan- gran pensador y filósofo contemporáneo. Yakzán lo seguía en todas sus charlas. Pir Vilayat terminó solicitando su compañía en las charlas e iniciándolo en una orden sufi.

Yakzán era modesto, como niño y de corazón con gracia. Entregaba las danzas basadas en el legado de Samuel Lewis y las de su creación. En Chile, introdujo en el sufismo a los primeros discípulos, y en 1993 ochenta personas fueron iniciadas por Pir Vilayat Inayat Khan, invitado a Chile por Taj Loreto y amigos.

En lo sucesivo, Loreto González se ha dedicado con devoción y persistencia a mantener vivo el legado del querido Yakzán, quien mostró por primera vez a muchos de nosotros el camino del corazón. Hasta ahora lo recordamos con profunda emoción y su ser está presente en cada una de las danzas y en nuestra acción cotidiana. Fue un maravilloso regalo haberlo conocido y comprender a través de él la importancia fundamental del servicio, motivo de nuestra existencia.

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