EN EL CAMINO DE ACUARIO Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Mayo de 2014

 

Hacia una constitución… ¿acuariana?

Desde 1963 la mayoría de los políticos chilenos tenía claro que la sociedad estaba cambiando y sería preciso tener una nueva Constitución Política que incorporara cambios democratizadores. Cuando en 1964 Eduardo Frei Montalva propuso sus reformas, la izquierda y la derecha unidas pusieron todo tipo de obstáculos para evitar una modificación en ese sentido. Unos no querían más democracia y los otros no querían que Frei encabezara el proceso.

Jaime Hales

Jaime Hales

Escritor, tarotista, abogado.

www.syncronia.cl

Y pasó lo que pasó: un golpe de Estado y la imposición de una nueva Constitución Política mediante el uso de la fuerza y del fraude. Y ahora, cuando la mayoría de los chilenos quiere una nueva Constitución, los conservadores, elitistas, institucionalistas, de dentro y de fuera del gobierno, se oponen a ello.

Mi memoria para licenciarme en Derecho fue una propuesta institucional para que Chile superara la crisis política en 1972. Formulé una propuesta que recogería las crecientes ansias de participación y permitiría canalizar las aspiraciones de grupos y personas en un marco institucional para el debate y la resolución de los conflictos sociales. Sostenía entonces que, o dábamos un salto hacia el futuro o sobrevendría una solución violenta a la crisis para la instalación de una dictadura.

Mirar esa nueva sociedad requería no sólo convicciones doctrinarias personales, sino sobre todo entender que el mundo está fundando una nueva era en la que las tendencias pueden demorar más o menos, pero finalmente caminaremos hacia una sociedad de libertad, participación, relaciones horizontales, respeto a los derechos humanos, responsabilidad política y social de las autoridades. Lo que se pretendía – y ahora, más de 40 años después, ha pasado de una inquietud personal a una colectiva – era recoger las aspiraciones de las clases marginadas e impulsar una sociedad integradora.

Cuando comenzaba a insinuarse la posibilidad de un cambio en el sentido de los nuevos tiempos, vino la intervención de la fuerza para impedirlo, instalándose una mirada exactamente opuesta, portadora de un proyecto fundacional conservador, elitista, autoritario y neo liberal en lo económico, con todas las contradicciones que el modelo podía contener. La idea de fondo era construir un sistema de “apariencia democrática”, pero que asegurara el poder de fondo en manos de las minorías, aunque los “otros” ganaran el gobierno e incluso tuvieran algunas mayorías relativas en el Congreso Nacional. Un pacto de elites políticas, que se mantiene vigente para muchos. Son los que dicen que la nueva Constitución tiene que discutirse y aprobarse sólo por métodos institucionales, lo que implica el acuerdo de los sectores más conservadores.

La actual Presidenta tiene que elaborar una estrategia en la que demuestre que de verdad quiere que una carta fundamental de todos los chilenos sea elaborada y aprobada mediante un procedimiento democrático, participativo e institucional. Chile nunca ha tenido una constitución gestada por procedimientos democráticos, sobre todo la actual, dictada en dictadura y aprobada mediante un fraude.

Una mirada acuariana debe reconocer al estado como una “comunidad de comunidades” y, más que hablar de la nación o del pueblo, será necesario ver a la sociedad como una “comunidad nacional”, en la que pueden convivir distintas etnias, religiones, ideologías, visiones culturales.

Lo central de la nueva constitución no debe estar en resolver conflictos inmediatistas, esas urgencias que quitan importancia a las grandes decisiones. Lo primero, por cierto, es poner fin al diseño del Estado desde la perspectiva liberal o con la mirada marxista de una sociedad de clases. Una mirada acuariana debe reconocer al estado como una “comunidad de comunidades” y, más que hablar de la nación o del pueblo, será necesario ver a la sociedad como una “comunidad nacional”, en la que pueden convivir distintas etnias, religiones, ideologías, visiones culturales. El país se organizará en comunidades, desde la unidad más cercana, la vecinal, hasta la nacional, pasando por comunas, provincias, regiones, en el entendido que son las personas activas, comprometidas y participantes la clave de un sistema realmente humanista, con derechos y deberes claramente establecidos y protegidos.

La sociedad acuariana demanda derechos efectivos y no meras declaraciones, debiendo tutelar su cumplimiento efectivo no sólo un estado lejano e institucional, sino las personas activas y organizadas en la vida vecinal, profesional, sindical, donde en lugar de legalizarse las presiones de los poderosos a través de agencias contratadas, se reconoce el derecho de los grupos de interés a tener representantes en el congreso. Quizás este Congreso Nacional merezca el nombre de “parlamento”, pues será un lugar de encuentro. Resabios de corporativismo o comunitarismo, dirá alguien, aunque en realidad deberá reconocerse que esas tendencias constituyeron una especie de avanzada de la mirada acuariana.

La sociedad activamente representada, además de las ideas políticas y las miradas sectoriales de diverso tipo. Y todo ello acompañado de espacios legítimos para que las personas, a través de sus comunidades, puedan actuar efectivamente, mediante iniciativa popular de ley, revocación de mandatos, elecciones complementarias, plebiscitos periódicos y vinculantes para zanjar las cuestiones que los poderes políticos no hayan sido capaces de resolver.

Una activa comunidad en la que todas las personas se sienten indispensables, y los deberes y derechos sean asumidos sin vacilaciones. Votar, participar, asistir a las asambleas vecinales. ¿Delegar? Sí, por cierto, pero sin renunciar a la acción directa.

Eso significará un sistema judicial cercano a las personas, mediante juzgados vecinales, jueces de paz, sistemas locales para resolver la mayoría de las controversias, con sistemas fiscales de abogados para ayudar a las personas a contratar y litigar sin costos.

En fin, la democratización implicará poner en niveles de alta importancia la igualdad de oportunidades, los derechos educacionales y de salud, el acercamiento de los servicios básicos a la comunidad.

Hacia una constitución… ¿acuariana?

Los adelantos de la ciencia, la tecnología, las construcciones y las grandes inversiones deberán beneficiar a toda la sociedad y no sólo a los más ricos, como ha sucedido con las autopistas y la mayoría de las obras públicas.

Una nueva constitución es responsabilidad de todos. Es verdad que los dirigentes de la sociedad tienen un papel importante. ¿Se atreverá la Presidenta a enfrentar a las fuerzas conservadoras de dentro y de fuera de su gobierno? ¿Será capaz de ir más allá de los límites y convocar al pueblo a pronunciarse?

Sin salirse de las reglas del juego, ni los dirigentes ni la sociedad, será necesario llevar adelante iniciativas de participación y democracia, para recoger propuestas y comenzar una larga tarea que anticipe la sociedad libre, democrática y participativa que la era acuariana nos promete a los humanos.

Es parte de la opción de este tiempo. El otro camino nos conduce a abdicar de nuestra voluntad para que otros, los de siempre u otras minorías, decidan por los demás.

No olvidemos que el verdadero avatar de la era acuariana ya no es un sujeto ni una minoría que se asume como elegida, sino que es la humanidad toda.

Este debate recién comienza, pero la tarea del nuevo tiempo ya está en marcha. 

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