SOMOS MEDIOAMBIENTE Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Junio de 2014

Tras el fallo en La Haya: ¡Las ballenas están de fiesta…! (¡Y nosotros, también!)

Los balleneros japoneses ya no podrán cazar ballenas con arpón amparando su práctica en el “interés científico”. Para las organizaciones chilenas, el dictamen internacional sienta un precedente para avanzar en otros temas de conservación marina.

Por Isabel Díaz Medina

En un fallo que sienta un precedente para la sobrevivencia de las ballenas, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en La Haya, ordenó a Japón que “revoque” los permisos de caza de esta especie protegida en la Antártida porque no se ajustan a los “fines científicos” exigidos por la legislación.

Por 12 votos contra 4, los jueces decidieron que Japón “ha violado sus obligaciones sobre el Artículo VIII de la Convención Internacional para la Reglamentación de la Caza de Ballenas (1946) que ha suscrito”. El fallo es vinculante, pero no incluye el Pacífico Norte, donde Japón sigue faenando.

Durante la lectura del histórico veredicto, el presidente de la Corte Internacional de Justicia, Peter Tomka, afirmó que de acuerdo a las evidencias presentadas por las partes, Japón ha implementado la denominada caza “científica” de ballenas en la Antártica por razones logísticas y políticas más que científicas.

De este modo, el Tribunal da la razón a Australia, que en 2010 acusó a Japón de practicar la caza de ballenas en el marco de un programa de investigación científica. Dicho programa habilitaba a los japoneses para realizar estudios sobre el ecosistema antártico y las poblaciones de ballenas, lo que permitía también su caza. Con el correr de los años la industria ballenera demostró que su objetivo nunca ha sido la sustentabilidad de las poblaciones de ballenas sino intereses económicos cortoplacistas.

En 1972, la Conferencia de la ONU sobre el Medio Ambiente Humano estableció una moratoria -todavía en vigor- para conseguir una pesca sostenible que no amenazara el futuro de la especie marina. La disposición, firmada por Japón, entró en vigencia en 1985. Su gobierno echó luego mano de la ciencia para seguir persiguiendo cetáceos.

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en Chiloé. (Fotografía: Elsa Cabrera, Centro de Conservación Cetácea, CCC.)
Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en Chiloé. (Fotografía: Elsa Cabrera, Centro de Conservación Cetácea, CCC.)

Aplausos en Chile

La decisión de la Corte de La Haya fue celebrada por las organizaciones Centro de Conservación Cetácea (CCC) y Ecoceanos de Chile que, durante las semanas previas al fallo, desarrollaron una campaña ciudadana en la que recolectaron más de 32 mil firmas contra la caza científica de ballenas, las que fueron entregadas en la sede de la CIJ en La Haya.

Elsa Cabrera, directora ejecutiva del Centro de Conservación Cetácea (CCC) de Chile y coordinadora de la campaña internacional Cero Caza de Ballenas, afirma que “el fallo de la Corte a favor de Australia es el resultado de años de trabajo de diversos países y organizaciones civiles que jamás han cedido ante las crecientes presiones al interior de la CBI para legitimar operaciones balleneras que violan la moratoria y el santuario de ballenas del Océano Austral. Hoy la Corte nos ha dado la razón”.

Agrega que el dictamen sienta un sólido precedente para avanzar hacia el cierre de la denominada caza científica de Japón en aguas internacionales, “ya que hay que recordar que además de hacerlo en el Océano Austral, Japón mata cientos de ballenas en el Pacífico Norte, incluyendo ballenas minke, sei, Bryde y cachalotes”.

Cabe consignar que junto a Japón, otros dos países continúan cazando ballenas con el objetivo de mantener a flote la industria ballenera en el siglo XXI. Noruega tiene una cuota anual de caza comercial de más de 1.200 ballenas minke en sus aguas jurisdiccionales puesto que mantiene una objeción a la moratoria. Islandia sustenta una cuestionada reserva a la moratoria tras reincorporarse de manera irregular a la CBI en 2002. Las operaciones las realiza un sólo empresario que inútilmente ha buscado revitalizar la caza de ballenas de aleta para exportar a Japón, donde a falta de mercado terminan convertidas en alimento para mascotas, según relata Elsa Cabrera.

Juan Carlos Cárdenas, director del Centro Ecocéanos, señala que el fallo de la Corte Internacional de Justicia es una victoria estratégica para nuestros océanos y los ciudadanos del planeta: “Esta sentencia inapelable genera un antes y un después para la Comisión Ballenera Internacional (CBI), al propinar un duro golpe a la falacia de la caza <científica>, instrumento con el cual se pretende crear las condiciones para la eliminación de la actual moratoria global a la caza comercial de ballenas”.

Para Cárdenas, este dictamen, sumado a la presión ciudadana, constituye un enorme respaldo político para que el bloque de Estados de Latinoamérica, conocido como Grupo de Buenos Aires (GBA), tome decididas acciones para implementar el dictamen de la Corte en aguas del Océano Austral/Antártica, en defensa de la paz, la cooperación internacional y sus intereses estratégicos.

Mariano Sironi, del Instituto de Conservación de Ballenas de Argentina, y Bárbara Galletti, presidenta y fundadora de CCC Chile, preparando muestras de biopsias tomadas a una ballena azul para su posterior análisis. Un trabajo de investigación de cetáceos que realizan conjuntamente ambas organizaciones a través de un acuerdo de cooperación. (Fotografía: Elsa Cabrera, Centro de Conservación Cetácea, CCC.)
Mariano Sironi, del Instituto de Conservación de Ballenas de Argentina, y Bárbara Galletti, presidenta y fundadora de CCC Chile, preparando muestras de biopsias tomadas a una ballena azul para su posterior análisis. Un trabajo de investigación de cetáceos que realizan conjuntamente ambas organizaciones a través de un acuerdo de cooperación. (Fotografía: Elsa Cabrera, Centro de Conservación Cetácea, CCC.)

Avistaje versus matanzas

A pesar de la victoria para las ballenas y la gobernanza marina de la Antártica, la presión de Japón al interior de la CBI para imponer sus intereses balleneros continúa siendo una creciente amenaza. Esto se vio reflejado en 2010 cuando una propuesta que buscaba legalizar la denominada caza <científica> de ballenas en el santuario del Océano Austral estuvo a punto de ser aprobada de no ser por la fuerte oposición de Australia y el bloque de países latinoamericanos que forman parte de la CBI.

La directora de CCC advierte que la mala fe con que actúa Japón al interior de la CBI no se limita a la caza <científica> de ballenas: “Su agresiva política orientada a imponer su agenda ballenera ha contemplado durante más de una década la compra de votos de países que se suman a la CBI para apoyar a Japón a cambio de programas de financiamiento pesquero y sobornos a funcionarios de gobiernos del Caribe y África Occidental que han sido documentados en video por investigaciones encubiertas”.

Al respecto, la ambientalista sostiene que es necesario enfrentar este tema con el mismo rigor con el cual se ha abordado la denominada caza científica de ballenas en la Antártica ya que, “tras este fallo, Japón podría aumentar sus esfuerzos para tomar el control de la CBI mediante métodos tan condenables como sus falsos programas de caza científica”.

Elsa Cabrera señala que el fallo de la Corte debería servir para que la CBI reconozca la urgente necesidad que tiene de evolucionar y armonizar su trabajo con los usos y necesidades de conservación actuales de las poblaciones de ballenas, ya que de otro modo es un organismo obsoleto que no puede abordar adecuadamente los desafíos del presente siglo en materia de conservación de cetáceos.

Según la ambientalista, Japón ha quedado debilitado en la CBI, tras décadas de haber violado impunemente tanto la moratoria global sobre la caza comercial como el santuario del Océano Austral, y este es el momento para que los países conservacionistas, en especial el Grupo Buenos Aires, hagan sus mayores esfuerzos para consolidar el uso no letal de los cetáceos como el principal eje de trabajo de la Comisión.

“Nuestra región –señala Cabrera- genera millones de dólares al año por concepto de turismo de avistaje de ballenas, una actividad que, a diferencia de la caza, permite el desarrollo social y económico de miles de comunidades costeras de Latinoamérica y El Caribe sin impactar de manera negativa la conservación de estas emblemáticas especies”.

Tras el fallo en La Haya: ¡Las ballenas están de fiesta…! (¡Y nosotros, también!)

Nuevos desafíos

Elsa Cabrera señala que queda mucho por hacer, pues la matanza de ballenas continúa en el hemisferio norte; los pequeños cetáceos carecen de un marco legal adecuado que los proteja de sangrientas masacres en, por ejemplo, Japón e Islas Faroe, y la participación de la sociedad civil en la CBI continúa siendo anacrónica y excluyente, por lo que se espera poder avanzar en estos temas con el apoyo de Chile y los gobiernos de la región.

Roxana Schteinbarg, coordinadora ejecutiva del Instituto de Conservación de Ballenas de Argentina, asegura que este fallo vino a poner fin a los reiterados abusos de Japón desafiando la prohibición vigente a la caza comercial de ballenas y violando la integridad del Santuario del Océano Austral.

“Es un día memorable, un día para festejar –manifiesta-, pero debemos continuar trabajando articuladamente entre los gobiernos conservacionistas y la sociedad civil con miras a la próxima Reunión de la CBI en Eslovenia en septiembre próximo para defender con fuerza la moratoria a la caza comercial de ballenas”. Y agrega que esto sólo será posible con la participación de la mayor cantidad de países conservacionistas con voz y voto, y que en este sentido, América Latina juega un rol clave como uno de los bloques más importantes en el seno de la CBI.

José Truda, representante del Centro de Conservación Cetácea (Brasil) y del Instituto Augusto Carneiro, destaca que el fallo constituye un día de fiesta para las ballenas del Hemisferio Sur. Sin embargo lamentó que los países latinoamericanos “no se hayan sumado a este histórico juicio, ya que habría sido una demostración importante de solidaridad hemisférica”.

Y añade que es fundamental que ahora los gobiernos de la región trabajen activamente para reformar la Comisión Ballenera Internacional, aprobar nuevos santuarios, dejar la ballenería definitivamente en el pasado y proteger las especies de cetáceos como un patrimonio global compartido.

Negocio en picada

La demanda de carne de ballena en Japón ha descendido drásticamente entre 1962 y 2009, y el número de toneladas para consumo ha pasado de 230.000 a 4.200 en ese periodo.

Según Elsa Cabrera, esta baja en el consumo obliga al Estado japonés a subsidiar las operaciones de caza <científica> de ballenas, incluso con fondos que originalmente estaban destinados a la reconstrucción del país tras el terremoto y tsunami de 2011, lo que generó un fuerte rechazo interno a estas actividades.

La directora de CCC explica que Japón nunca ha sido un país que tradicionalmente incluya a los cetáceos en su dieta. Este es una argumentación que, aunque promovida activamente por el gobierno de Japón, no es verdadera. Son sólo cuatro las comunidades que ancestralmente consumen carne de cetáceos. “El consumo de carne de cetáceos en otras zonas del país fue promovida por Estados Unidos luego del fin de la segunda guerra mundial para proveer proteína animal al pueblo japonés. En este sentido, no resulta extraño que no exista una cultura nacional sobre el consumo de ballena en Japón y que durante las últimas décadas ésta haya decaído de manera sistemática”.

El ser humano y las ballenas tienen funciones cognoscitivas semejantes. Aunque aquéllas, al no disponer de otra arma que su magnificencia, presentan unos límites de agresividad mucho más reducidos. Sandra Brown

Chile, libre de caza de cetáceos

El dictamen del tribunal de la ONU contra Japón no afecta mayormente a las ballenas que habitan en aguas chilenas. Esto porque en 2008 se promulgó la Ley Cetácea que prohíbe la caza de ballenas en nuestras aguas jurisdiccionales, que fueron declaradas Santuario de Ballenas. Esto luego de una intensa campaña ciudadana impulsada por el Centro de Conservación Cetácea, el Centro Ecoceanos y la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach).

Las organizaciones de conservación chilenas realizan desde el 2000 grandes esfuerzos, con la colaboración de Redes de Avistamientos de ciudadanos, pescadores y comunidades costeras y el respaldo de la Dirección de Territorio Marítimo, de la Marina de Chile, con el objetivo de aumentar el conocimiento sobre la distribución, estado poblacional, identificación de sus hábitats críticos y amenazas para su recuperación, de manera de implementar medidas de protección y áreas marinas protegidas.

Este trabajo ha sido liderado por el Centro de Conservación Cetácea, el que desde hace 10 años opera en Chiloé para cuantificar la cantidad de ballenas que habitan en aguas chilenas.

Elsa Cabrera, quien además es Observadora acreditada ante la Comisión Ballenera Internacional desde 2001, adelanta que la primera estimación poblacional de ballenas azules en Chile está en proceso de publicación. “Será la primera para cualquier especie de cetáceos en el país, lo que evidencia una vez más que el uso y la investigación no letal de cetáceos es la mejor herramienta para avanzar en el conocimiento científico y desarrollo de nuestras comunidades costeras, a través del turismo responsable de avistaje de ballenas”.  

Fuentes: Centro de Conservación Cetácea y Centro Ecoceanos

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