NUESTRO CIELO INTERIOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2014

 

 

Un nuevo tramo del viaje

Este mes, cuando termine su recorrido por Virgo, el Sol sellará la primera mitad del año astrológico. Es un buen momento para detenernos a respirar y acariciar el presente, porque a partir de ahora comienza un nuevo tramo del viaje, que nos llama a poner en acción el Yo que hemos estado re-construyendo después de tantas pruebas y crisis.

Mónica Sagredo Guerra  

Mónica Sagredo

Astróloga y socióloga

www.astrologiaconectiva.cl

Cuando el Sol entra en el signo de Virgo nos encontramos en el momento en que la Tierra nos pide caminar con mayor consciencia. Si al calor de Tauro, el signo de tierra que lo antecede, teníamos el deseo de detenernos a apreciar todas nuestras riquezas, talentos y valores, la energía de este signo nos propone la tarea de centrarnos en el aprendizaje a través de experimentar los talentos que traemos para compartir.

Pero muchas veces ni siquiera tenemos la disposición para aventurarnos en el verdadero trabajo de voluntad que requiere caminar habitando el cuerpo, la mente y las emociones con tranquilidad. Respetar los ritmos de la naturaleza y el cosmos se nos presenta como una minuciosa tarea.

Virgo aprende en la experiencia, pero muchas veces no distingue la sustancia de lo accesorio. Entonces, nuestro ego quiere tomar el control de la situación, sin advertir a veces que la organización que se busca es parte de un orden mayor, dentro del cual se entrelazan millones de tramas posibles. Con su tendencia a la racionalización y detallismo, se suele pasar por alto esta diversidad.

Con Neptuno en oposición al Sol, este viaje puede tornarse aún más confuso y nebuloso. Pareciera que a veces estamos navegando completamente a oscuras, pero este lejano planeta verdiazul nos regala su poderosa vibración y le dice al viajero inquieto que no tema, que todo estará bien, que perderse también es parte del camino. Esta oposición es compleja porque nos habla de la dificultad de identificarnos con aquella parte nuestra que es luminosa, que es consciente y cuyo único deber es irradiar con amor aquello que simplemente es.

La oposición contrapone dos fuerzas, dos maneras de hacer las cosas. Virgo quiere imponer orden, marcar límites, decidir los pasos a seguir para poder incorporar su aprendizaje en la experimentación de sí mismo en la Tierra. Neptuno, por otro lado representa la idealización máxima, la fusión con el todo y la disolución del ego controlador para entregarnos a la experiencia del amor incondicional. Entonces, ¿cómo nos orientamos en este vaivén?

Una de las claves para entender este proceso desde Virgo es abrirnos a los precisos mensajes que Mercurio, su regente, nos entrega reflexivamente tres veces al año, cuando retrocede para mostrarnos aquello que no alcanzamos a tomar en cuenta o no le pusimos suficiente atención.

Este verano (2014), durante su camino de ida en el signo de Acuario nos puso en evidencia la necesidad de crear alianzas, armar redes de encuentro y abrirnos a la participación política desde ideales renovados. Luego, en su retrogradación en Piscis, Mercurio nos propuso revisar y repensar nuestras iniciativas sociales a la luz de nuestras emociones. Aquí, la reflexión necesaria se relaciona con la necesidad de cuestionarnos cuáles son nuestros ámbitos de influencia y qué sentido tienen nuestras acciones en lo social.

Un nuevo tramo del viaje

Luego, en junio, Mercurio volvió a danzar entre los signos de Géminis y Cáncer, dándonos la posibilidad de reconocer de qué manera nos adaptamos a nuevas situaciones, qué estábamos comunicando y cómo nos relacionamos con nuestro entorno y seres queridos.

La próxima retrogradación de Mercurio es la última de este ciclo y ocurrirá el 4 de octubre (2014) en el signo de Escorpión, retrocediendo hasta el 16º de Libra para retomar su trayectoria directa el 25 de octubre. Este puede ser un momento clave para muchas parejas que están en un proceso de afianzamiento y mayor compromiso. En éste, como en los demás tránsitos retrógrados, la invitación es a tomar contacto con la voz interna y repensar los diálogos y relatos que nos contamos y reiteramos.

En este contexto, abrirse a los mensajes del cielo nos ayuda a sintonizar mejor con el pulso del presente, reconociendo en cada uno de nosotros qué es lo que queremos sembrar y qué estamos cosechando. Ahora, la disciplina y la meditación se presentan como poderosas aliadas para integrar en nuestras rutinas. 

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