ELIGIENDO EL AMOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2014

 

 

¿Cómo soltar nuestras ideas rígidas?

 

Hace poco les hablaba de la importancia de soltar la rigidez de nuestras ideas y dar una verdadera mirada a las cosas en las que creemos, pues algunas datan de 1900, o incluso de antes, ¡y resulta que ya estamos en el siglo XXI!

Isha

Isha

Maestra espiritual y embajadora de paz,
autora de ¿Por qué caminar si puedes volar?, Vivir para volar y El amor sobre todas las cosas, de Editorial AguilarFontanar.

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¡Hay tantas ideologías en el mundo! ¿Y qué son estas ideologías? Ni más ni menos que un conjunto de ideas que tienen una estructura que sostiene una actividad-realidad-procedimiento-reglamentos-lineamientos- todo aquello que da forma a esa estructura, para que pueda ser representada y defendida en la acción. Con el tiempo, estas ideologías establecidas como estructura social, o sistema académico, o procedimiento legal o lo que sea, son incorporadas como la forma de ser, de vida, la identidad social con la que nos sentimos identificados.

Algunas de ellas son hermosas; otras, destructivas. Algunas son creativas, y otras, represivas. Algunas me gustaría aplicarlas, y otras, no me sirven; pero todas ellas tienen algo en común: son sólo ideas. Para darles un ejemplo, el Código Penal a través del cual se rigen en Uruguay es el único que no ha sido modificado ni actualizado en el mundo ¡desde 1853! Imaginen cuán certero o errado puede ser ese código, con temas concernientes al año 2014 del siglo XXI. Pero es así, y está aceptado así.

Muchas de nuestras ideas o creencias más inconscientes deben venir más o menos de esa misma época. Aquello que educó en valores y creencias a nuestros padres viene de entonces, enseñado por nuestros abuelos o bisabuelos, y muchas cosas son trasmitidas a los hijos sin siquiera ser cuestionadas. Contamos los mismos cuentos, vamos trasmitiendo las mismas supersticiones sobre la oscuridad, o sobre lo bueno y lo malo, y quién sabe sobre cuántas cosas más.

Con tantas opiniones y perspectivas contrastantes y diferentes, el problema comienza cuando utilizamos estas ideologías para definir lo que somos. Cuando hacemos esto, inmediatamente comenzamos a considerar equivocado el punto de vista del otro. ¿Qué crea esto? Separación, desacuerdo, conflicto.

Esto lo podemos ver incluso entre grupos religiosos y espirituales: nuestro rechazo a lo que difiere de nuestras propias opiniones y creencias, en última instancia, nos conduce a la discriminación y a la intolerancia. Hoy nos sentimos sorprendidos y maravillados por el aporte que el Papa Francisco va realizando a toda la humanidad, en cuanto a disolver en el amor y el abrazo las diferencias, cosas que eran, hasta hace unos años, un sacrilegio. De esto estoy hablando: de hacerlo también internamente, en lugar de seguir aferrándonos, sin cuestionar, a aquello que sostenemos como creencia o como hechos.

En cada momento podemos hacer esta elección: descansar en el ahora, en la paz duradera que yace dentro de todos nosotros y que nadie nos puede quitar.Algunas ideologías vibran en un nivel más consciente, pero si son insistentes –“Tiene que ser así”– se convierten en opresivas, y ése no es el comportamiento de la conciencia. La conciencia no segrega, abraza todo y, dentro de ese abrazo, se mueve con alegría hacia una vibración superior de amor. Todo lo inmaduro, todo lo que ya no sirve, se va descartando naturalmente en la constante evolución hacia una mayor toma de conciencia. No se trata de ignorar las cosas que percibimos como negativas en el mundo, tampoco se trata de enfocarnos en lo que queremos eliminar: la guerra, el hambre, la discriminación. Se trata de contribuir con lo que queremos que aumente: la paz, la libertad, la aceptación.

Estemos dispuestos a no aferrarnos a las ideas, porque cualquier tipo de rigidez causa un conflicto mayor. No transformemos en especial una idea en particular. Lo único especial e importante es el silencio de ser: esa paz, ese amor que crece y se mueve en ondas, en constante expansión.

Lo que realmente importa es la opción que estamos tomando en cada momento. Pregúntemonos:

  • ¿Estás eligiendo la conciencia? Independientemente del nombre que le des, o de la práctica que utilices para ir allí, ¿estás eligiendo eso?
  • ¿O estás eligiendo defender una idea?
  • Cuando alguien no está de acuerdo con lo que dices o piensas, ¿qué reacción tienes?
  • Esa reacción, ¿está alineada con lo que eres en este momento? Toma un poquito de distancia y siente lo que hay detrás.
  • ¿Estuviste alerta hoy para evitar conflictos basados en desacuerdos?
  • ¿Te gusta pelear por pelear, discutir sólo por el gusto a la fricción?
  • ¿Qué reacciones automáticas has soltado hoy? ¿Cuáles te cuestan más?

Y tú mismo puedes hacer tu larga lista de aspectos que vas viendo y transformando a medida que empiezas a atestiguar ese aspecto tuyo.

No se puede encajonar al amor. El amor incorpora todo: a Dios y al ateísmo, a todas las religiones, a todos los pueblos. Con lo único con lo que todos estamos de acuerdo es con el amor. En los brazos de la iluminación, de la unión, vemos un solo mundo, un solo ser, un solo amor.

Siempre recuerdo cuando le preguntaron a Nelson Mandela si sentía odio por sus opresores, y él respondió: “Me di cuenta que si, una vez que atravesara la puerta y me montara en el coche, seguía odiándolos, aún seguiría encarcelado. Así que lo solté, porque quería ser libre”.

Y eso es. Cuando alimentamos las peleas, el conflicto y las diferencias, el resentimiento es el alimento que nos mantiene en acción: aquello que creemos del otro, la etiqueta que le ponemos al enemigo de ese momento. Y seguir sosteniendo el resentimiento, permitir que siga alimentando nuestra acción, aunque sea la más inconsciente, va en dirección opuesta al establecimiento de una experiencia de paz permanente que es alimentada por la apreciación, el agradecimiento y el amor, que van sosteniendo la unión en todo y en todos.

¿Cómo soltar nuestras ideas rígidas?

Todos podemos contribuir con algo muy concreto en la búsqueda de la paz, y es que en cada momento podemos hacer esta elección: descansar en el ahora, en la paz duradera que yace dentro de todos nosotros y que nadie nos puede quitar.

De la misma manera que el haber aprendido a depender de nuestro entorno nos ha llenado de miedo, podemos aprender a depender de nuestro estado interno y encontrar allí una seguridad que siempre es prístina e intocable.

Llenemos nuestra vida personal con paz, honestidad y transparencia. Eso sí será lo que contribuirá a la paz mundial. 

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