NUESTROS CUENTOS Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2014

 

 

La medallita

El médico y escritor argentino Jorge Bucay, en su libro De la autoestima al egoísmo (Ed. Nuevo Extremo) nos narra el siguiente cuento:

“Había una vez una madre que tenía un único hijo. Ella era tan temerosa que vivía angustiada pensando que no podría seguir viviendo si a su hijito le pasara algo. Tan asustada estaba de sus fantasías que un día que el hijo salió a la puerta de calle solo la madre lo llamó adentro, lo sentó en los sillones de la pieza principal de la casa y le dijo:

-Mira, hijo, en la calle vagan unos espíritus malignos que se llevan a los niños que están sin su mamá. Así que nunca, nunca salgas a la calle sin mí. ¿Entendiste?

-Sí, mami –contestó el chico, asustado.

El plan resultó y el chico nunca más salió a la calle sin su madre. Pero un día, cuando el chico cumplió trece años, la madre empezó a pensar que se había equivocado. Algún día ella no estaría y su hijo tenía que poder manejarse en el mundo exterior. La madre fue a ver al médico de la familia para preguntarle qué hacer. El médico dijo que sólo había una solución: Decirle al joven la verdad. La madre le dijo que eso equivaldría a admitir frente al hijo que su propia madre le había mentido. El médico insistió en que era el único camino y la madre se retiró a su casa. De camino tuvo otra idea. Llegó y se sentó otra vez en los sillones a hablar con el muchacho:

La medallita

-Sabes, hijo, tú eres grande y sabes que alguna vez te irás de esta casa en busca de tu camino.

-No, madre. Me iré si vienes conmigo. Te recuerdo que afuera están los espíritus malignos que me llevarían si no estuviera contigo.

– De eso te quería hablar. Los espíritus jamás te llevarán mientras lleves en tu cuello esta medallita que ahora te regalo –dijo la madre quitándose la medalla que colgaba de su cuello y poniéndosela a su hijo-. A partir de aquí quiero que sepas que podrás salir sin mí porque mi protección te llegará a través de mi medalla.

– Pero, mami, ¿y si los espíritus no ven que tengo la medalla?

– No te preocupes. Tu madre nunca te mentiría. Tienes que confiar en lo que te digo: Mientras tengas la medallita, ningún espíritu se acercará a hacerte daño. ¿Entiendes?

– Sí, mamá…

El joven creyó en su mamá.

Pero de todas maneras, cuando su mamá ya no estuvo para acompañarlo, el muchacho nunca salió de su casa porque siempre tuvo miedo de perder la medallita…”


Y el escritor agrega, al final del cuento:

Creo que me gustaría terminar con una frase maravillosa de Susan Jeffers:

“Si tiene miedo, hágalo igual”. 

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