SOMOS NUESTRAS LEYENDAS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Marzo de 2015

 

Teoría de James M. Allen: Las huellas de la Atlántida en los Andes

Suena innovador, casi desquiciado y digno de ciencia ficción. Pero el geógrafo y cartógrafo inglés James M. Allen cree firmemente que la mítica Atlántida se encuentra nada menos que en el altiplano andino. Conozca aquí los fundamentos de su teoría.

Por Eva Débia*

Platón, uno de los principales filósofos griegos de la historia de la humanidad, escribió en sus trabajos Timaeus y Critias en el 380 a. de C. sobre un continente que contenía en sí mismo una maravillosa y evolucionada civilización; esta porción de tierra habría sucumbido estrepitosa y fulminantemente por un terremoto, y se encontraba en un punto distante del océano Atlántico, opuesto al peñón de Gibraltar, frente a las Columnas de Hércules. El sabio dijo que la Atlántida se había hundido en el mar, “en el término de un día y una noche”.

Ahora bien; la geología moderna ha evidenciado que es imposible que un continente completo se hunda en el mar en un día, descartando de plano entonces que la Atlántida se esconda en las profundidades del Atlántico. Por ende, no puede ser Creta, ni Thera y Santorini, porque no coinciden en tamaño ni en ubicación; tampoco son las islas Azores, ni la Antártica.

El relato detallado de este lugar (del que Platón habría oído desde Sócrates, quien a su vez lo oyó de Critias, quien lo habría escuchado de Solón, al que se lo habrían narrado sacerdotes egipcios), es sumamente rico en especificaciones diversas: originalmente existiría una pequeña isla volcánica donde se levantaba una ciudad maravillosa, capital de este continente. Es desde esta historia que comienza la leyenda de este continente perdido 9.000 años antes de Platón, y su búsqueda a lo largo de los siglos.

De acuerdo a los expertos, las ruinas de Tiawanaku están datadas en 12 mil años.
De acuerdo a los expertos, las ruinas de Tiawanaku están datadas en 12 mil años.

Platón

De acuerdo a los textos rescatados de Platón, la capital de este continente estaría sobre el nivel del mar: “Todo el territorio era elevado y escarpado del lado del mar, pero el terreno del lado de la ciudad y alrededor de ella era una llanura lisa, rodeada de montañas que descendían hacia el mar; era suave y nivelada, con una forma oblonga, extendiéndose en una dirección sobre 3000 estadios, con 2000 estadios de ancho para la isla central. Esta parte de la isla estaba orientada hacia el sur, y estaba protegida por el norte. Las montañas circundantes eran numerosas, se les conocía por su altura y su belleza incomparables, en ellas había muchos pueblos ricos con gente de campo y ríos y lagos, y llanos que daban comida para todo tipo de animales, domésticos o salvajes, y mucha madera de todo tipo, abundante para cada cualquier tipo de trabajo”.

Según el relato, la llanura, “como fue conformada por la naturaleza y por los trabajos de muchas generaciones de reyes a través de numerosas épocas, en su mayor parte era rectangular y oblonga, y donde salía de la línea recta seguía un foso circular. La profundidad, la anchura y la longitud de este foso eran gigantescas, y da la impresión que una obra de tal envergadura, además de otras, no pudo haber sido artificial. Sin embargo, debo decir lo que me han contado. Fue cavado a una profundidad de cien pies con una anchura uniforme de un estadio; le daba la vuelta a toda la llanura, y tenía diez mil estadios de largo. Recibía los arroyos que bajaban de la montaña, los cuales daban la vuelta a la llanura hasta llegar a la ciudad, donde desembocaban en el mar”.

La descripción de Platón sigue: “Más adentro en la isla, también había canales rectos de unos cien pies de ancho que cruzaban la llanura, y de nuevo desembocaban en el foso que llevaba al mar: estos canales tenían intervalos de cien estadios, y por ellos bajaban los troncos de madera de las montañas hacia la ciudad; transportaban la fruta de la tierra en barcos, acortando por pasajes transversales de un canal a otro hasta la ciudad. Dos veces al año, recogían la fruta de la tierra, en invierno para recoger los beneficios de las lluvias del cielo, y en verano el agua que proporcionaba la tierra llenando los arroyos desde los canales”.

Según los estudios de James M. Allen, geólogo y cartógrafo, el continente perdido de La Atlántida existe efectivamente, pero en la actualidad lleva otro nombre: Sudamérica.

El filósofo narra la leyenda en la que Poseidón desposa una mortal llamada Cleito, y reconfiguró el espacio de la Atlántida para que ningún hombre llegara a ella: “Desgajó la tierra en todo su derredor encerrando la colina, dispuso franjas alternativas de mar y de tierra, unas más pequeñas y otras más grandes, rodeándose unas a otras; había dos de tierra y tres de agua, que formó como con un torno desde el centro de la isla, con la misma distancia de una de otra, de manera que ningún hombre pudiera entrar en la isla, porque aún no existían ni barcos ni viajes”.

En este nuevo hogar, el dios hizo surgir dos manantiales “sacando de debajo de la tierra, uno de agua caliente y otro de agua fría, y haciendo brotar toda clase de alimentos de la tierra en abundancia”. Poseidón y Cleito tuvieron cinco pares de gemelos, y el dios dividió la isla de La Atlántida en diez porciones. El primogénito, llamado Atlas, fue nombrado rey y tuvo honorable descendencia, pero con el paso de los años su prole se corrompió y los dioses decidieron castigar a los atlantes, hundiendo en un gran cataclismo toda huella de la maravillosa ciudadela.

Dibujo detallado de la geografía de la ciudad capital del continente perdido, según los escritos del filósofo griego.
Dibujo detallado de la geografía de la ciudad capital del continente perdido, según los escritos del filósofo griego.

Después del filósofo

Tras los textos de Platón, las menciones a la Atlántida se esfumaron de la literatura por más de dos mil años, con la excepción del libro de Francis Bacon The New Atlantis. En 1882, se publicó Atlantis: the Antediluvian World, del estadounidense Ignatius Donnelly, donde afirmaba que todas las civilizaciones antiguas conocidas descienden de su cultura, que por las fechas manejadas se remontaría al Neolítico.

En 1572, Sarmiento de Gamboa envió a Felipe II su libro La Historia de los Incas, en cumplimiento de una solicitud oficial para indagar sobre la verdadera historia del lugar. En este texto, Gamboa afirma claramente que Suramérica era La Atlántida y que las tierras sobre la que escribía eran conocidas como “Atlanticus” o “la Isla Atlántica”. Lamentablemente, el documento estuvo perdido más de 300 años; fue encontrado en una biblioteca de Alemania en 1893, y reeditado en 1906.

En aquel entonces, no quisieron prestar atención al nombre original que los incas le habían dado al continente: Tahuantinsuyo, que significa “la tierra de las cuatro direcciones”. Una de estas cuatro direcciones tenía por nombre “Antisuyo”, esto es, el Reino de los Antis. Hay quienes sostienen que el propio nombre de los Andes puede ser también una deformación de este término.

Escritores esotéricos posteriores, como Helena Blavatsky y Edgar Cayce, también hablaron de la Atlántida. Cayce afirmó que los atlantes poseían barcos y naves aéreas que se impulsaban por la energía de un misterioso cristal. La última teoría del paradero de este continente perdido hace ya once mil años, viene de la mano de un inglés: James M. Allen. De acuerdo a los estudios de este geólogo y cartógrafo, el continente perdido de La Atlántida, equivalente a Libia y Asia juntos (como indica Platón), existe efectivamente y está frente al Estrecho de Gibraltar, pero en la actualidad lleva otro nombre… Sudamérica.

Allen argumenta que el asentamiento específico de la ciudad capital de la que Platón estaba hablando era el Altiplano central de los Andes, y afirma que esa región rodeada por montañas y atravesada por un canal que conectaba con el mar (actualmente seco) estaría en realidad en Bolivia. Las investigaciones de Allen fueron realizadas en la región de Pampa Aullagas y el lago Poopó, específicamente en el Departamento de Oruro.

Las pruebas defendidas por Allen se basan en la formación mineralógica de las montañas que rodean al Altiplano, así como también en múltiples resultados de la expedición Akakor, realizada en el fondo del lago Titicaca el año 1999. Si hacemos un cotejo de las pruebas versus el texto de Platón, las coincidencias resultan asombrosas. Por ejemplo, Platón habla de una aleación de metales llamada oricalco… La que correspondería a la mezcla de oro y cobre, presente geográficamente sólo en los Andes, donde recibe el nombre de “tumbaga”.

Allen ha realizado cinco expediciones al altiplano, con la intención de hallar un lugar que coincidiera con la descripción platónica. Así dio con lo que hoy se conoce como Pampa Aullagas, en el lado sur del Lago Poopó.

Pruebas

En su libro La Atlántida: La Solución: Los Andes, Allen afirma que hace 11 mil años el altiplano boliviano habría estado rodeado de mar, y como prueba exhibe evidencias de restos paleontológicos y arqueológicos encontrados en el lugar recientemente. Además de su libro, Allen realizó un documental exhibido en Discovery Channel, llamado La Atlántida en los Andes, donde conversa con numerosos arqueólogos que proponen una antigüedad cercana a los doce mil años para las ruinas de Tiawanaku, muy cercanas al lago Titicaca. De este modo, Allen argumenta que el pueblo aymara y los mismos tiawuanacotas habrían sido uno de los diez reinos de la Atlántida.

El egiptólogo John Anthony West, quien aparece en el video (disponible en youtube), comenta que en las tumbas de faraones del antiguo Egipto se encontraron residuos de pasta de coca y tabaco, plantas originales y exclusivas de América, lo que sería evidencia de a lo menos un contacto entre los egipcios con los atlantes precolombinos. Allen, de esta forma, estima que la historia relatada por Platón podría haber llegado a sus oídos en Egipto, donde estuvo de visita.

El documental también explica que los balseros aymaras del lago Titicaca demostraron en 1948 que es posible cruzar los mares en gigantescas balsas de totora y que prueban que los viajes de ultramar en la remota antigüedad sí eran posibles y que Tiwanaku habría estaba rodeado de un puerto. Allen, quien trabajó como proyectista de fotografía aérea para la Real Fuerza Aérea de Inglaterra, vivió en un barco de crucero con el que navegó hasta Cambridge, donde se desempeñó como dibujante cartógrafo para una empresa de servicio público.

Su interés por la Atlántida nació a consecuencia de un estudio exhaustivo sobre los orígenes de los antiguos sistemas de medidas, y fue así como llegó a la conclusión de que el altiplano corresponde con la región descrita por Platón, el que describe una planicie rectangular elevada que, decía, estaba ubicada en el centro del continente, cerca del mar y a medio camino en la dirección de la mayor extensión de este continente.

Además, Platón ubicó a la ciudad capital en una pequeña isla volcánica, también llamada Atlántida, ubicada en la elevada planicie rectangular, a unos nueve kilómetros del mar y, de acuerdo al filósofo, la región entera estaba elevada sobre el nivel del océano, alzándose completamente por encima del nivel del mar a una gran altura: no hay en el planeta otro lugar que coincida más con esta descripción que Bolivia.

Proyección de cómo se habría visto la ciudad capital de La Atlántida, de acuerdo a los relatos de Platón.
Proyección de cómo se habría visto la ciudad capital de La Atlántida, de acuerdo a los relatos de Platón.

Atl-Antis

Tanto las palabras “atl” como “antis” son de origen nativo americano. “Atl” significa “agua” en nahuatl (el lenguaje de los aztecas), y “antis” significa “cobre” en quechua (el lenguaje de los incas). La teoría entonces va tomando forma: Allen indica que no fue el continente el que se hundió en el mar, sino solo la capital, construida sobre una isla volcánica situada sobre el lago Poopó. Cabe decir que la mencionada planicie de los Andes está en el centro del continente en el sentido norte-sur, exactamente como la describió Platón.

James M. Allen ha realizado cinco expediciones al altiplano, con la intención de hallar un lugar que coincidiera con la descripción platónica. Así dio con lo que hoy se conoce como Pampa Aullagas, en el lado sur del Lago Poopó. La única diferencia es que el mar ha descendido, y las originales “zonas de mar” son hoy depresiones cubiertas de arena.

El sitio posee piedras rojas, negras y blancas, tal y como describe Platón; hay manantiales subterráneos, tanto de agua fría como caliente, y existe un importante canal (hoy seco) que desemboca en el borde del lago. Es que claro, el sitio ha sido hundido por terremotos, eso lo explica bien la leyenda quechua de Desaguadero.

En este relato, se narra la historia de una ciudad ubicada al borde del lago, que fue hundida en el mar por los dioses, específicamente porque el dios del mar (Tunupa) fue expulsado desde el Titicaca y llevado por las aguas del río Desaguadero, haciendo desaparecer la civilización bajo las aguas del lago Poopó. En este contexto, cabe acotar que la mitología boliviana explica que Viracocha (el principal dios inca), tras la inundación que eliminó a la ciudad, adoptó cinco pares de gemelos.

La isla central que Platón describe estaba rodeada de anillos alternativos de tierra y agua, formando una isla central de cinco estadios de diámetro, rodeada de tres anillos de agua y dos de tierra, “imbricados unos dentro de otros como las ruedas de carros”. En la estación de las lluvias, Pampa Aullagas se convierte en una isla, y antes de que se hundiera toda la llanura alrededor, el agua del lago perfectamente pudo haber penetrado en el volcán y rellenado las depresiones naturales, creando canales circulares a modo de puertos.

Para explicar el recorrido entre Egipto, Europa y la Atlántida americana, Allen realizó dos viajes, uno en 1995 y otro en 1998, para realizar una ruta que conectara estos puntos mediante el mar, comprobándose que es posible realizar grandes trayectos en barcas de totora, como la utilizada en la expedición Kontiki, que viajó desde América hasta Isla de Pascua. Las imágenes satelitales permiten ver hoy cómo la zona al sur de Oruro está completamente cubierta por un sistema de canales paralelos, similar a la descripción de Platón.

Existen entonces evidencias geográficas, geológicas y mitológicas. No en vano a Atlas, el primer rey de La Atlántida, se le representa a menudo cargando la bóveda celeste en sus hombros… Como las mismas montañas de los Andes, que soportan ciertamente el cielo en esta parte el mundo. 
*Eva Débia, periodista

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